Advertisement

Customize
Van Helsing
05 November 2006 @ 07:30 pm
5 de noviembre, por la tarde. Por lo menos, estoy cuerdo. Gracias a Dios por su misericordia en medio de tantos sucesos, aunque hayan resultado una prueba terrible.
Cuando dejé a la señora Mina dormida en el interior del círculo sagrado, me encaminé hacia el castillo. El martillo de herrero que llevaba en la calesa desde Veresti me ha sido útil; aunque las puertas estaban abiertas, las hice salir de sus goznes oxidados, para evitar que algún intento maligno o la mala suerte pudieran cerrarlas de tal modo que una vez dentro no pudiera volver a salir. Las amargas experiencias de Jonathan me sirven.

Recordando su diario, encuentro el camino hacia la vieja capilla, ya que sé que es allí donde voy a tener que trabajar. La atmósfera era sofocante; parecía que había en ella algún ácido sulfuroso que, a veces, me atontó un poco. O bien oía un rugido, o me llegaban distorsionados los aullidos de los lobos. Entonces, me acordé de mi querida señora Mina y me encontré en medio de un terrible dilema.

No me he permitido traerla a este horrendo lugar... )
 
 
Van Helsing
05 November 2006 @ 06:23 pm
5 de noviembre, por la mañana. Permítaseme ser exacto en todo, puesto que, aunque usted y yo hemos visto juntos cosas extrañas, puede comenzar a pensar que yo, van Helsing, estoy loco; que los muchos horrores y las tensiones tan prolongadas sobre mi sistema nervioso han logrado al fin trastornar mi cerebro. Viajamos todo el día de ayer, acercándonos cada vez más a las montañas y recorriendo un terreno cada vez más agreste y desierto. Hay precipicios gigantescos y amenazadores, muchas cascadas, y la naturaleza parece haber realizado en alguna época su carnaval. La señora Mina sigue durmiendo constantemente, y aunque yo sentí hambre y la satisfice, no logré despertarla, ni siquiera para comer. Comencé a temer que el hechizo fatal del lugar se estuviera apoderando de ella, ya que está manchada con ese bautismo de sangre del vampiro.

-Bien -me dije a mí mismo-, si duerme todo el día, también es seguro que yo no dormiré durante la noche.

Mientras viajábamos por el camino áspero... )
 
 
Van Helsing
04 November 2006 @ 05:18 pm
4 de noviembre. Esto es para mi antiguo y sincero amigo, el doctor John Seward, de Purefleet, Londres, en caso de que no lo pueda volver a ver. Es posible que aclare. Es de mañana, y escribo junto al fuego que nos ha mantenido vivos durante toda la noche.

La señora Mina me ha ayudado. Hace frío; mucho frío. Tanto, que el cielo gris y pesado está lleno de nieve que, cuando caiga, permanecerá durante todo el invierno, ya que la tierra se está endureciendo para recibirla. Parece haber afectado a la señora Mina. Ha tenido la cabeza tan pesada durante todo el día, que no parece ser la misma. ¡Duerme, duerme y sigue durmiendo! Ella, que es siempre tan vivaz, no ha hecho casi absolutamente nada en todo el día; hasta ha perdido el apetito. No hizo ninguna anotación en su diario, ella que tan fielmente había escrito en cada una de nuestras paradas. Algo me dice que no todo marcha bien. Sin embargo, esta noche está más vivaz. Su largo sueño del día la ha refrescado y restaurado, y ahora está tan dulce y despierta como siempre. Traté de hipnotizarla al amanecer, pero sin obtener ningún resultado positivo. El poder ha ido disminuyendo continuamente, día a día, y esta noche me falló por completo. Bueno, ¡que se haga la voluntad de Dios...! ¡Cualquiera que sea y adondequiera que nos lleve! Ahora, pasemos a lo histórico; ya que la señora Mina no escribió en su diario, debo, en mi laborioso lenguaje antiguo, hacerlo, de manera que ningún día que pasamos quede sin ser registrado.

Llegamos al Paso del Borgo un poco antes del amanecer, ayer por la mañana; cuando observé los signos precursores del alba, me preparé a hipnotizarla. Detuvimos la calesa y descendimos, con el fin de que nada nos perturbara. Hice una especie de sofá con pieles, y la señora Mina, después de acostarse, se prestó a la hipnosis, como siempre, pero más lenta y brevemente que nunca. Como antes, su respuesta fue: "Oscuridad y aguas agitadas." Luego despertó, vivaz y radiante, y continuamos nuestro camino, para llegar pronto al Paso. En esta hora y lugar, ella se llenó de un nuevo entusiasmo; un nuevo poder director se manifestó en ella, ya que señaló un camino y dijo:

-Este es el camino.

-¿Cómo lo sabe? -inquirí.

-Por supuesto que lo sé -contestó ella, y al cabo de una pausa añadió-: ¿Acaso no viajó por él mi Jonathan y escribió todo lo relativo a su viaje?

En un principio, pensé que era algo extraño, pero pronto vi que sólo podía existir un camino semejante. Es muy poco utilizado, y sumamente diferente del camino real que conduce de Bucovina a Bistritz, que es más amplio y duro y más utilizado.

De manera que tomamos ese camino. Encontramos otros caminos (no siempre estábamos seguros de que fueran verdaderos caminos, ya que estaban descuidados y cubiertos de una capa ligera de nieve). Los caballos sabían y solamente ellos. Les dejaba las riendas sueltas y los animales continuaban pacientemente. Una detrás de otra, encontramos todas las cosas que Jonathan anotó en el maravilloso diario que escribió.

Luego, proseguimos, durante largas y prolongadas horas. En un principio, le dije a la señora Mina que durmiera; lo intentó y logró hacerlo. Durmió todo el tiempo hasta que, por fin, sentí que las sospechas crecían en mí e intenté despertarla, pero ella continuó durmiendo y no logré despertarla a pesar de que lo intenté. No quise hacerlo con demasiada fuerza por no dañarla, ya que yo sé que ha sufrido mucho y que el sueño, en ocasiones, puede ser muy conveniente para ella. Creo que yo me adormecí, porque, de pronto, me sentí culpable, como si hubiera hecho algo indebido. Me encontré erguido, con las riendas en la mano y los hermosos caballos que trotaban como siempre. Bajé la mirada y vi que la señora Mina continuaba dormida. No falta mucho para el atardecer y, sobre la nieve, la luz del sol riela como si fuera una enorme corriente amarilla, de manera que nosotros proyectamos una larga sombra en donde la montaña se eleva verticalmente. Estamos subiendo y subiendo continuamente y todo es, ¡oh!, muy agreste y rocoso. Como si fuera el fin del mundo.

Luego, desperté a la señora Mina. Esta vez despertó sin gran dificultad y, luego, traté de hacerla dormir hipnóticamente, pero no lo logré; era como si yo no estuviera allí. Sin embargo, vuelvo a intentarlo repetidamente, hasta que, de pronto, nos encontramos en la oscuridad, de manera que miro a mi alrededor y descubro que el sol se ha ido. La señora Mina se ríe y me vuelvo hacia ella. Ahora está bien despierta y tiene tan buen aspecto como nunca le he visto desde aquella noche en Carfax, cuando entramos por primera vez en la casa del conde. Me siento asombrado e intranquilo, pero está tan vivaz, tierna y solícita conmigo, que olvido todo temor. Enciendo un fuego, ya que trajimos con nosotros una provisión de leña, y ella prepara alimentos mientras yo desato los caballos y los acomodo en la sombra, para alimentarlos. Luego, cuando regresé a la fogata, ella tenía mi cena lista. Fui a ayudarle, pero ella me sonrió y me dijo que ya había comido, que tenía tanta hambre que no había podido esperar. Eso no me agradó, y tengo terribles dudas, pero temo asustarla y no menciono nada al respecto. La señora Mina me ayudó, comí, y luego, nos envolvimos en las pieles y nos acostamos al lado del fuego. Le dije que durmiera y que yo velaría, pero de pronto me olvido de la vigilancia y, cuando súbitamente me acuerdo de que debo hacerlo, la encuentro tendida, inmóvil; pero despierta mirándome con ojos muy brillantes. Esto sucedió una o dos veces y pude dormir hasta la mañana. Cuando desperté, traté de hipnotizarla, pero, a pesar de que ella cerró obedientemente los ojos, no pudo dormirse. El sol se elevó cada vez más y, luego, el sueño llegó a ella, demasiado tarde; fue tan fuerte, que no despertó.

Tuve que levantarla y colocarla, dormida, en la calesa, una vez que coloqué en varas a los caballos y lo preparé todo. La señora continúa dormida y su rostro parece más saludable y sonrosado que antes, y eso no me gusta. ¡Tengo miedo, mucho miedo!
Tengo miedo de todas las cosas. Hasta de pensar; pero debo continuar mi camino. Lo que nos jugamos es algo de vida o muerte, o más que eso aún, y no debemos vacilar un instante.
 
 
Van Helsing
Esto es para Jonathan Harker.

Debe usted quedarse con su querida señora Mina. Nosotros debemos ir a ocuparnos de nuestra investigación..., si es que puedo llamarla así, ya que no es una investigación, sino algo que ya sabemos, y solamente buscamos una confirmación. Pero usted quédese y cuídela durante el día de hoy. Esa es lo mejor y lo más sagrado para todos nosotros. De todos modos, el monstruo no podrá presentarse hoy. Déjeme ponerlo al corriente de lo que nosotros cuatro sabemos ya, debido a que se lo he comunicado a los demás. El monstruo, nuestro enemigo, se ha ido; ha regresado a su castillo, en Transilvania. Lo sé con tanta seguridad como si una gigantesca mano de fuego lo hubiera dejado escrito en la pared. En cierto modo, se había preparado para ello, y su última caja de tierra estaba preparada para ser embarcada. Por eso tomó el dinero y se apresuró tanto; para evitar que lo atrapáramos antes de la puesta del sol. Era su única esperanza, a menos que pudiera esconderse en la tumba de la pobre Lucy, que él pensaba que era como él y que, por consiguiente, estaba abierta para él. Pero no le quedaba tiempo. Cuando eso le falló, se dirigió directamente a su último recurso..., a su última obra terrestre podría decir, si deseara una double entente. Es inteligente; muy inteligente. Comprendió que había perdido aquí la partida, y decidió regresar a su hogar. Encontró un barco que seguía la ruta que deseaba, y se fue en él. Ahora vamos a tratar de descubrir cuál era ese barco y, sin perder tiempo, en cuanto lo sepamos, regresaremos para comunicárselo a usted. Entonces lo consolaremos y también a la pobre señora Mina, con nuevas esperanzas. Puesto que es posible conservar esperanzas, al pensar que no todo se ha perdido. Esa misma criatura a la que perseguimos tardó varios cientos de años en llegar a Londres y, sin embargo, en un solo día, en cuanto tuvimos conocimiento de sus andanzas, lo hicimos huir de aquí. Tiene limitaciones, puesto que tiene el poder de hacer mucho daño, aunque no puede soportarlo como nosotros. Pero somos fuertes, cada cual a nuestro modo; y somos todavía mucho más fuertes, cuando estamos todos reunidos. Anímese usted, querido esposo de nuestra señora Mina. Esta batalla no ha hecho más que comenzar y, al final, venceremos...

Estoy tan seguro de ello como de que en las alturas se encuentra Dios vigilando a sus hijos. Por consiguiente, permanezca animado y consuele a su esposa hasta nuestro regreso.



VAN HELSING
 
 
Van Helsing
y dirigida aJohn Seward, M. D. (sin entregar)


27 de septiembre


Amigo John:

Le escribo esto por si algo sucediera. Voy a ir solo a vigilar ese cementerio de la iglesia. Me agradaría que la muerta viva, o "nomuerta", la señorita Lucy, no saliera esta noche, con el fin de que mañana a la noche esté más ansiosa. Por consiguiente, debo preparar ciertas cosas que no serán de su agrado: ajos y un crucifijo, para sellar la entrada de la tumba. No hace mucho tiempo que es muerta viva, y tendrá cuidado. Además, esas cosas tienen el objeto de impedir que salga, puesto que no pueden vencerla si desea entrar; porque, en ese caso, el muerto vivo está desesperado y debe encontrar la línea de menor resistencia, sea cual sea. Permaneceré alerta durante toda la noche, desde la puesta del sol hasta el amanecer, y si existe algo que pueda observarse, lo haré. No tengo miedo de la señorita Lucy ni temo por ella; en cuanto a la causa a la que debe el ser muerta viva, tenemos ahora el poder de registrar su tumba y guarecernos. Es inteligente, como me lo ha dicho el señor Jonathan, y por el modo en que nos ha engañado durante todo el tiempo que luchó con nosotros por apoderarse de la señorita Lucy. La mejor prueba de ello es que perdimos. En muchos aspectos, los muertos vivos son fuertes. Tienen la fuerza de veinte hombres, e incluso la de nosotros cuatro, que le dimos nuestras fuerzas a la señorita Lucy. Además, puede llamar a su lobo y no sé qué pueda suceder. Por consiguiente, si va allá esta noche, me encontrará allá; pero no me verá ninguna otra persona, hasta que sea ya demasiado tarde. Empero, es posible que no le resulte muy atractivo ese lugar. No hay razón por la que debiera presentarse, ya que su coto de caza contiene piezas más importantes que el cementerio de la iglesia donde duerme la mujer muerta viva y vigila un anciano.

Por consiguiente, escribo esto por si acaso... Recoja los papeles que se encuentran junto a esta nota: los diarios de Harker y todo el resto, léalos, y, después, busque a ese gran muerto vivo, córtele la cabeza y queme su corazón o atraviéselo con una estaca, para que el mundo pueda estar en paz sin su presencia.

Si sucede lo que temo, adiós.

VAN HELSING
 
 
Van Helsing
25 de septiembre, 6 de la tarde


Querida señora Mina:

He leído el maravilloso diario de su marido. Usted puede dormir sin duda. ¡Extraño y terrible como es, es verdad! Yo podría apostar mi vida a ello. Puede ser peor para otros; pero para usted y él no hay amenaza. Él es un tipo muy noble; y permítame decirle, por la experiencia de hombres, que uno que hiciera como hizo él bajando por la pared y entrando por ese cuarto (¡ay!, y entrando por segunda vez), no es alguien que pueda ser perjudicado permanentemente por una impresión. Su cerebro y su corazón están muy bien; esto lo juro, antes de siquiera haberlo visto; por lo tanto, tranquilícese.

Tendré muchas preguntas que hacerle sobre otras cosas. Estoy muy contento de poder llegar hoy a verlos, pues de golpe he aprendido tantas cosas que otra vez estoy deslumbrado... Deslumbrado más que nunca, y debo pensar.

Su fiel servidor,
ABRAHAM VAN HELSING
 
 
Van Helsing
24 September 2006 @ 11:07 am
24 de septiembre (Confidencial)


Querida señora:

Le ruego que perdone que le escriba, ya que soy un amigo tan lejano, y que le envié las malas noticias de la muerte de la señorita Lucy Westenra. Por la bondad de lord Godalming, tengo poder para leer sus cartas y papeles, pues estoy profundamente interesado en ciertos asuntos vitalmente importantes. En ellos encuentro algunas cartas de usted, que muestran cuán gran amiga era usted de ella y cómo la quería. ¡Oh, señora Mina, por ese amor yo le imploro que me ayude! Por el bien de otros le pido, para evitar mucho mal, y para evitar muchos y muy terribles trastornos que pueden ser mucho mayores de lo que usted se imagina, ¿me concedería usted una entrevista? Puede usted confiar en mí. Soy amigo del doctor John Seward y de lord Godalming (ese era el Arthur de la señorita Lucy). De momento debo guardar estricta reserva. Yo acudiría a Exéter a verla a usted inmediatamente si usted me dice que puedo tener el honor de verla, y dónde y cómo. Señora, le imploro perdón. He leído sus cartas para la pobre Lucy, y sé cuán buena es usted y cómo sufre su marido; por eso le ruego, si puede ser, no le diga nada a él, pues pudiera causarle daño. Otra vez le pido perdón y quedo de usted, respetuosamente,


VAN HELSING
 
 
Van Helsing
17 September 2006 @ 05:15 pm
(Enviado a Carfax, Sussex, ya que no mencionaba ningún condado; entregado con veintidós horas de retraso.)

17 de septiembre. No deje de estar hoy por la noche en Hillingham. Si no observando todo el tiempo, visitando frecuentemente y viendo que las flores estén colocadas; muy importante; no falle. Estaré con usted tan pronto como posible después de llegada.
 
 
Van Helsing
3 de septiembre

Mi buen amigo:

Cuando he recibido su carta ya estoy de camino hacia usted. Por buena fortuna puedo partir de inmediato, sin mal para ninguno de aquellos que han confiado en mí.

Fueran otras las circunstancias, sería perjudicial para esos que han confiado en mí, pues yo voy adonde mi amigo cuando él me llama para ayudar a aquellos a quienes tiene cariño. Dígale a su amigo que cuando aquella vez usted chupó de mi herida tan rápidamente el veneno de la gangrena de aquel cuchillo que nuestro otro amigo, tan nervioso, dejó deslizar, hizo usted más por él cuando él quiere mi ayuda y usted la solicita, que todo lo que puede hacer su gran fortuna. Pero es un doble placer hacerlo por él, su amigo; y hacia usted voy. Tenga ya dispuesto, y por favor así arreglado, que podamos ver a la joven dama no tan tarde mañana mismo, pues es probable que yo tenga que regresar aquí esa noche. Pero si hay necesidad, regresaré otra vez tres días después, y estaré más tiempo si es preciso. Hasta entonces, mi buen amigo John, adiós.

VAN HELSING
 
 
 
 

Advertisement

Customize